Recuerdo de mi niñez con un especial cariño, al Tío Cosme, era el marido de mi tia, una hermana de mi madre, no tenían hijos y quizá por este motivo me tenía un afecto especial y yo a él.
Cuando mis padres tenían que ir al campo a trabajar, no era muy frecuente que lo hiciese mi madre, más bien en época de recolección, me dejaban a comer con mis tios, recuerdo que les hacia enfadar pues era muy mal comedor.
Ellos siempre tenían la misma comida el «cocido “qué consistía en una sopa de fideos del caldo y de segundo plato, las viandas que habían servido para hacer el caldo,garbanzos,un trozo de tocino, carne(poca)y algo de verduras de la propia cosecha, me costaba de tragarlo, lo que más me gustaba eran los platos en los que servían las viandas, de cerámica antigua con bellos dibujos en azul cobalto que representaban bellos paisajes, recuerdo uno que tenia la Giralda de Sevilla.
Su desván era de un atractivo especial para mí, más bien una aventura, cuando lograba subir, no sin que antes me advirtiera mi tía del peligro de las escaleras y tenía razón, gastadas en el centro por el roce del paso de los años se habían vuelto muy resbaladizas, pero valía la pena el esfuerzo, una vez arriba otro mundo se abría a mis ojos, colgados de las viejas vigas de madera se mecían racimos de uvas pasas, granadas abiertas mostrando sus granos rojos que decían «cómeme»,ciruelas,higos secos,almendras,bellotas y un sin fin de cosas por investigar, como un viejo baúl con fotografías antiguas, calendarios de Don Mariano Castillo, un meteorólogo que dejo escrito en cuadernillos la predicción del tiempo para cien años.
El aspecto físico de mi tío también era por lo menos curioso, vestía traje de pana negra, camisa blanca sin cuello y alpargatas blancas con betas negras a modo de cordones que anudaba a sus tobillos, pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos, uno de ellos, el izquierdo, no lo cerraba nunca, ni para dormir así como su eterna boina.
Siempre lo recordare con cariño.
