

Vida monástica
Recuerdo que cuando era adolescente y como la mayoría estába sin blanca , el marido de una prima que estaba de encargado de las tierras que rodeaban el Monasterio del Pueyo (cercano a Barbastro ) me propuso ir unos días a trabajar allí para cavar en las viñas el trozo sin labrar que dejaban las caballerías.
Estuve una semana, la vida era tremendamente tranquila a media tarde regresábamos del campo, lo primero rezar el rosario y después de una frugal cena cuando el sol no se había ocultado tras el horizonte, a dormir.
Afortunadamente hice amistad con uno de los frailes y me explicaba historias sobre la aparición de la Virgen en un almendro a un santo llamado Balandrán que pastoreaba sus ovejas por aquellos parajes, se encuentra su sarcófago en este monasterio y llama la atención sus dimensiones dada la gran estatura de este santo.
El tiempo pasaba con lentitud pero una paz interior invadía nuestros espíritus.
