El pasadizo.
Los niños de los años 50 solíamos corretear solos al salir del colegio, los que nos criamos en pueblos nuestras correrías eran de campeonato y en ocasiones peligrosas como aquella vez que me rompí un brazo jugando a guerras intentando subir por un terreno escarpado para sorprender a los contrarios, me llevaron a la capital donde en el hospital me enyesaron el brazo que tuve cuarenta días con el yeso puesto, lo cual me vino bien para leer los libros de Historia que teníamos en la pequeña biblioteca de la Escuela.
Una de nuestras aventuras consistía en meternos por un pasadizo que había en una cueva ,entrabas de pie, pero poco a poco se iba estrechando y al final salías al exterior con el cuerpo a rastras, como es natural no éramos conscientes del peligro que corríamos ante un posible derrumbe ya que era de tierra, cuando salíamos al exterior nos creíamos héroes con los de los tebeos que en aquella época devoramos con frenesí,” El Capitán Trueno, El Jabato, Roberto Alcázar y Piedrín ,El Guerrero del Antifaz “eran nuestros favoritos y con espadas de madera hechas por nosotros mismos procurábamos emular sus hazañas.
Este pasadizo en aquellos tiempos y más cuando fue excavado estaba muy bien ideado ya que recogía el agua de la lluvia de todo el pueblo , pues todas las calles hacían pendiente a la calle Mayor y esta desembocaba al pasadizo por su entrada estrecha y después el agua iba a parar a una balsa a la que llamábamos “ El bal “, en esta balsa
capturábamos pequeños reptiles que entregabamos a una anciana del pueblo con fama de curandera, con ellos preparaba sus brebajes.
En visitas posteriores he podido comprobar que donde estaba la balsa han construido un parque parar los niños y se tapo el pasadizo, esto no evita que en algunos de mis sueños se rememore aquellas aventuras y despierte angustiado creyendo que no podía salir..
